Punza y aparte

Referenciar la Libertad

Si es clave detectar los entramados del Poder para poder confrontarlos, atacarlos y destruirlos, también es clave percibir y reconocer dónde se encuentra, dónde es ejercida efectivamente, dónde se plasma la libertad. ¿Existe algún espacio en esta ineludible prisión capitalista en el cual nos podamos acercar a ese sentir de la libertad? ¿Se concretiza, tanto en el pensamiento como en la materialidad, el ser libre? Dos posibles respuestas se presentan ante la puerta de este interrogante.

Por un lado, si intentamos denotar la idealización de la libertad cantada por los poetas de todos nuestros tiempos no encontraríamos esa referencia unívoca. En un mundo que se autodestruye por la inmundicia del Capital y sus secuaces, tal libertad no existe. No hay lugar para esa libertad individual que es una extensión de la libertad social. Un mundo sin opresores ni oprimidos no tiene una referencia empírica en el actual modo de organización social totalitaria y mercantil. Es realizar un esfuerzo sin sentido en esta realidad. Sin embargo, pensar y sentir dentro de nuestro ser, dentro de nuestro corazón que “La revolución cumplirá más que lo prometido; ella renovará las fuentes de la vida limpiándonos del contacto impuro de todas las policías y nos liberará finalmente de las viles preocupaciones por el dinero que envenenan nuestra existencia”, y que, finalmente, “podremos realizar concertadamente las grandes cosas entrevistas por los poetas” (Eliseo Reclus) es un sentir valioso, una utopía realizable, una razón hermosa por la que se lucha día a día en el aquí y ahora.

Ahora bien, aunque en nuestros corazones llevemos un mundo nuevo, tenemos que tratar con mucho cuidado esos conceptos que se pueden llegar a alinear con la idea de una Tierra Prometida, de un futuro maravilloso y espléndido en el cual la Anarquía sea la manifestación de un orden natural. Encuadrar a la Anarquía dentro de una verdad científica, de una ley natural a la que los sujetos llegaríamos por medio de un fatalismo histórico, es decir, por un determinismo mecánico de los procesos sociales, puede llegar a sumergirnos en la pasividad, la delegación y en la falsa e inerte esperanza. Ya lo ha manifestado Malatesta en su escrito sobre su colega y amigo Kropotkin. El devenir del comunismo anarquista como ley natural kropotkiniano, según Malatesta, le quitaba toda incertidumbre y le ocultaba toda dificultad al proceso revolucionario. Expuso su fatalismo teórico y su optimismo excesivo sin dejar de expresar su afecto y su amor por el sabio y revolucionario ruso1. Por este motivo, tenemos que ser serios y reticentes con respecto a ciertos ofrecimientos que se puedan llegar a realizar en pos de alcanzar la tan deseada libertad. No caer en el papel de apóstoles que ofrecen un mundo color de rosas, tener en claro que al ansiar la Revolución Social estamos abiertos a múltiples posibilidades y de las cuales, algunas, pueden llegar a ser violentas y de extrema crueldad, pero otras, de solidaridad y fraternidad. No existe la certeza en este sentido. Lo que sí existe es que si se vislumbra la necesidad urgente de luchar por una sociedad sin Capital, sin Estado, sin miseria, sin desposeídos y sin opresores ni oprimidos, esta necesidad que tiene que ser una decisión individual basada en el apoyo mutuo y no una necesidad impuesta por iluminados y jerárquicos líderes revolucionarios, se estarán creando espacios, tanto mentales y materiales, donde se respire libertad.

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En este sentido, contraponiendo, de alguna manera, esa libertad idealizada, sí existe una libertad perceptible y palpable que en todo momento está tocando nuestra puerta. Esa libertad tiene su concreción tanto en el plano de la mente como en el de la acción. Es identificable en el tiempo y en el espacio y está inmersa en múltiples terrenos, infinitos momentos.

La desobediencia civil en todas sus formas; la abdicación del voto como muestra de pensamiento crítico y menosprecio hacia la domesticación social pretendida por el orden burgués; la okupación como acción de repudio hacia el robo de la propiedad privada; la lectura crítica como facilitadora de un acceso al saber que nos nutra de argumentos para destruir los cimientos del colonialismo mental; la acción directa contra las estructuras de la dominación del Estado-Corporación; la escritura visceral que destruye al pensamiento fascista y autoritario; la reciprocidad entre los grupos de afinidad; la autogestión y el cooperativismo frente a la alienación y la explotación patronal; el contagio de la lucha en todas sus maneras; formarse y estudiar para desnudar las miserias del Poder y construir otras alternativas de vidas, otras visiones de mundos frente a esa falsa educación que nos convierte en masa obrera o intelectual servicial a las corporaciones; tomar las calles que nunca tendríamos que haber dejado; cada acto de amor hacia nuestro semejante; cada acto de violencia de abajo e ilegal contra el monopolio de la violencia de arriba y legal; cada acto de justicia frente a la injusticia estatal y patriarcal; la organización horizontal, anti-autoritaria y anti-patriarcal de todxs lxs explotadxs para desafiar y destronar a los dueños de los mundos mentales y materiales; en fin, cada acto de empatía y solidaridad frente a la indiferencia y a la caridad que nos quiere imponer la democracia capitalista son espacios de la experiencia fraternal, terrenos del pensamiento autónomo, momentos de libertad.

Hay que fortalecer esos terrenos en donde la libertad es tangible. Que proliferen los espacios donde la libertad encuentre referencia. Que cada cual se sienta libre de palpar su libertad del modo que más cómodo se sienta, en el lugar que resulte más efectivo según su consideración, sin obstaculizar el accionar de los demás y teniendo en cuenta que los límites entre esos espacios, si es que hay límites, son, en realidad, muy borrosos. La especialización estructurada y aislada nos delimita.

El interrogante planteado en el comienzo obtiene dos respuestas, aparentemente contradictorias, no y sí. En realidad, mientras más nos situemos en el territorio de la libertad concreta y sujetable, de esa libertad que respiramos al ponernos en movimiento, más cerca vamos a estar de convertir ese primer no en un sí, más cerca vamos a estar de referenciar la Libertad.

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Vladimirovich

Cita

1MALATESTA, Errico. “El sabio y el revolucionario. Kropotkin según Malatesta”, Polémica [en línea]. 9 de diciembre del 2013. Fecha de consulta: 29 de marzo de 2017. Disponible en: https://revistapolemica.wordpress.com/2013/12/09/el-sabio-y-el-revolucionario-kropotkin-segun-malatesta/

 

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